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una chica salta desde la plataforma flotante

Embalses y piscinas naturales de Badajoz

¡En Badajoz sí hay playa!

Actualizado: 06/06/2026

Y no una, sino varias... Te invitamos a escapar del calor dándote un chapuzón por los tesoros refrescantes que ofrece esta región extremeña. Desde las piscinas naturales de La Codosera, a las playas de Peloche, en Herrera del Duque, y las del embalse de Orellana la Vieja, ambas con bandera azul.

1. Playa Costa Dulce (Embalse de Orellana)

Con 37 kilómetros de longitud, el gran embalse de Orellana, en el tramo medio del río Guadiana, al este de Extremadura, puede presumir de que su playa, de casi un kilómetro de largo y conocida como Costa Dulce, fue la primera de agua dulce de España que consiguió una bandera azul. Ocurrió en 2010 y, desde entonces, ha seguido revalidando este sello de calidad ambiental.

El embalse es conquistado por veleros en verano. Foto: Manuel Ruiz Toribio.
El embalse es conquistado por veleros en verano. Foto: Manuel Ruiz Toribio.

El lugar, flanqueado por las sierras de Pela y la del Castillo es, además, un humedal de importancia internacional, zona de especial protección para las aves y forma parte de la Red Natura 2000. Todo un disfrute para bañistas, pescadores que practican el carpfishing (modalidad de pesca sin muerte de grandes carpas), ornitólogos y amantes de los deportes náuticos, que pueden aprender a navegar en el Centro Ibérico de Vela de Orellana la Vieja, o amarrar sus embarcaciones en el Club Náutico Municipal para navegar entre sierras peladas.

2. Piscinas Naturales Río Gévora (La Codosera)

La localidad pacense de La Codosera, fronteriza con Portugal, alberga en su término municipal un tesoro estival en forma de piscinas naturales, que beben de las frescas aguas del río Gévora. Actualmente hay tres piscinas diferentes. Una, la primera que se realizó, tiene 40 centímetros de profundidad, otra varía de 120 a 180 centímetros, y la más grande tiene dos metros de hondo. Todas son de piedra, por lo que, aunque cada quince días se vacían y limpian manualmente con agua a presión y cepillos, pueden generar un poco de verdín en el fondo, así que es recomendable el uso de escarpines para evitar resbalones.

Un oasis verde para combatir el calor extremeño.

Las piscinas beben del río Gévora. Foto: Emilio JIménez

Las piletas, rodeadas por una espesa aliseda de ocho kilómetros por la que discurren algunas rutas senderistas, dan cobijo a especies animales como el jarabugo, el lagarto verdinegro, el galápago europeo o la nutria. Este paraje natural forma parte de la Red Natura 2000 y ofrece todo lo que el verano debe tener: agua para remojarse, naturaleza, sosiego y un establecimiento en el que reponer fuerzas con un refrigerio. Además, cuentan con sombra natural, un amplio espacio para aparcar, columpios, servicios y hasta duchas.

3. Playa de Peloche (Herrera del Duque)

En la pedanía de Herrera del Duque, en plena Siberia extremeña, se encuentra la playa de Peloche, un oasis de arena fina y aguas cristalinas a orillas del río Guadiana, que ofrece una experiencia integral de descanso, recreo fluvial -con actividades náuticas, como el kayak, el paddle surf o la navegación-, conexión con la naturaleza -es ideal para los aficionados al birding- y buena gastronomía en su restaurante con Solete 'Tierra y Agua'.

Esta región cuenta con 1.500 kilómetros de costa interior, algo único en Europa occidental.

La región extremeña cuenta con 1.500 kilómetros de costa interior, algo único en Europa occidental. Foto: Emilio Jiménez

Con bandera azul desde 2022 y situada en el embalse de García de Sola, junto a la Sierra de Peloche, forma parte de la Red Natura 2000 y cuenta con dos zonas de baño: una hormigonada, que también dispone de sombrillas fijas, zonas arboladas con césped y áreas de arena, pérgolas, merenderos, duchas, vestuarios públicos y puntos de reciclaje de residuos; y otra de arena natural del río, más salvaje, que dispone de un área de descanso con arbolado, merenderos y donde los perros pueden campar a sus anchas. Además, una plataforma flotante de 120 m de longitud y dos de ancho se introduce en la imponente masa de agua e invita a las piruetas.

El paisaje se complementa con formaciones rocosas, con riscos como el Cerro de Paniagua (709 metros), el Callejón del Lobo (684 metros) o El Paredón (708 metros), en los que se conservan pinturas rupestres, castros celtas y rutas prerromanas, que invitan a la práctica del senderismo y cicloturismo por el carril bici Herrera-Peloche.