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Apurando los últimos días fríos de esta primavera, el planazo se presenta en forma de visita guiada, con cata incluida, a una bodega muy especial dentro de las muchas que hay en la ciudad de Valdepeñas. La Bodega de las Estrellas entrelaza una tradición de más de 200 años con un extremo respeto por sus viñedos, lo que se traduce en unos vinos naturales elaborados en tinajas de barro que los hace memorables.
Dionisio recibe a los visitantes en su “Casa Bodega”, que sigue el modelo histórico de ubicarla dentro de la ciudad y donde vivía toda la familia. Él arranca con un poco de historia: “Hace dos siglos, el pueblo vivía alrededor del vino, había más de 400 bodegas urbanas. ¿Y por qué las bodegas en el pueblo y no en el campo? La razón es que estamos muy cerca de Sierra Morena y esto hace 200 años era un territorio bandolero. Por aquí estaba ‘El Tempranillo’ (se refiere a José María Hinojosa Cobacho) y sus secuaces, que les encantaba el vino y lo buscaban donde fuera. Había que protegerlo. Y eso se hacía en el pueblo, en la casa del agricultor y con la ayuda de los vecinos. Pues esta es nuestra casa”, asegura el dueño de la bodega en el patio interior de la vivienda que estructura todo el negocio.
En los campos valdepeñeros, el clima seco y árido ha sido fundamental para el buen desarrollo de las viñas, de ahí la tradición vinícola. Sin embargo, la agricultura intensiva y los abonos químicos amenazan los buenos vinos de la zona. En los cultivos de la Bodega de las Estrellas “desarrollamos un modelo que es agricultura biológica. Nuestras viñas reciben una fertilización natural de un compost de estiércoles, de minerales, de restos de cosecha, todo predigerido para que luego los organismos del suelo terminen de ponerlo a disposición de las raíces”, subraya Dionisio, quien explica así cómo esta gestión del suelo luego afecta a los aromas y sabores auténticos de sus uvas.
Además del tratamiento de las tierras, donde se cuida la “levadura indígena” (la autóctona que cubre la piel de la uva), una vez llega a la casa comienza la elaboración del vino de forma natural. En la sala de fermentación, mientras Dionisio desgrana los secretos de la elaboración del vino según sea blanco o tinto, y los tipos según la maduración, las tinajas de barro de 5.000 litros son testigos intactos de las historia de este lugar.
“Llama la atención su forma porque parece que eso de terminar en punta es como si le diera fragilidad, pero es justo lo contrario”, afirma el bodeguero. Y la creación de estas enormes vasijas en vez de las típicas barricas también tiene su razón de ser. Antiguamente, se recurrió a fabricar estos depósitos con el barro de la zona debido a la escasez de bosques y madera en la región.
Para Dionisio, la fermentación, al igual que la maduración, en este barro centenario en vez de usar los modernos depósitos de acero inoxidable le da un toque especial a los vinos, solo comparable a hacer una receta de la abuela en un buen puchero. “El barro ayuda a que los vinos sean amables, golosos, sabrosos”, asevera este bodeguero experimentado.
La tranquilidad, el sosiego y la temperatura que necesitan los vinos para madurar lo encuentran en la cueva subterránea de la casa, cavada a unos nueve metros de profundidad (como las construían las bodegas de la zona antaño). “Históricamente, antes de la invención del frigorífico, esta cueva aprovechaba el frío subterráneo y albergaba la antigua despensa y la fresquera de la familia”, explica Dionisio justo antes de empezar a bajar por las escaleras. La cueva vuelve a transportar a los visitantes en el tiempo; después, durante la cata, se probará el presente: la producción.
Aunque aquí también se utilizan barricas de madera para algunos de sus vinos, la bodega destaca por las vasijas antiguas. Para Dionisio la auténtica ventaja de madurar en barro es que este permite que el vino respire y madure sin impregnarse de los aromas a madera, como pasa con las barricas, y que “enmascaran el auténtico sabor de la uva pura cultivada con tanto esfuerzo”. Todo muy bien explicado para que cuando regreses a casa y compres un vino sepas identificar varios detalles fundamentales para comprar algo distinto y auténtico.
En la bodega, tienen varias líneas de vinos como “Dionisos, los vinos del terruño” o “Ego Vinum, la esencia del vino”. Pero antes de finalizar, no olvidemos que estemos en la Bodega de las Estrellas y, como su propio nombre indica, aquí miran al cielo. Según Dionisio aplican “el calendario lunar en el viñedo para que las cepas vivan más felices y sin estrés”. Yo llevaba el calendario lunar a todas las ferias para explicar cómo lo aplicamos a la agricultura”, recuerda el viticultor cómo la gente empezó a preguntar si esto podía interpretarse desde una perspectiva astrológica.
Dionisio descubrió que los mismos adjetivos que utilizamos para describir la personalidad de alguien (como ser directo, amable o transmitir seguridad) se pueden aplicar perfectamente a un vino. Fue así como surgió la línea especial Astrowine, que vincula las estrellas a las uvas creando 12 vinos distintos basados en los signos del zodiaco, donde cada uno representa una forma de ser específica.
Aquí tienes Los Vinos del Zodíaco de la Bodega de las Estrellas. ¿Cuál es tu vino según tu signo?
ARIES: Syrah joven. Un vino enérgico y entusiasta, de colores vivos, sabroso y directo.
TAURO: Garnacha y Tempranillos maduros en barrica. Un vino tenaz y generoso, caracterizado por ser equilibrado, noble y con un largo postgusto.
GÉMINIS: Espumoso Cuvee Brut. Destaca por ser comunicativo y versátil; es refrescante, muy frutal y con elegantes burbujas.
CÁNCER: Verdejo Joven. Es un vino directo y franco, de aroma fresco, suave, ligeramente untuoso y estructurado.
LEO: Cabernet Sauvignon, Syrah y Tempranillo madurados en barrica. Se presenta como un vino líder, intenso y poderoso, con sugestiva nariz y matices florales.
VIRGO: Cabernet Sauvignon y Tempranillo madurados en barrica. Un vino meticuloso y práctico, muy bien ensamblado y sabroso con un final suave.
LIBRA: Airen y Viura Jóvenes. Representa el puro equilibrio; es armónico y combina estabilidad con sutileza.
ESCORPIO: Tempranillo Rosado joven. Un vino elegante y lleno de matices; intenso, apasionado y complejo, pero a la vez con dulzura y suavidad.
SAGITARIO: Garnacha Joven. Discreto y sincero, con un color rojo rubí, gran poder frutal y una energía rústica y golosa.
CAPRICORNIO: Syrah y Tempranillo madurados en barrica. Prudente y paciente, transmite la seguridad de su sosegada madurez mediante taninos suaves.
ACUARIO: Macabeo Joven. Es original y brillante, con mucha potencia aromática floral, además de ser estructurado, amable y empático.
PISCIS: Tempranillo Joven elaborado sin piel de la uva. Un vino que contrasta apariencia y autenticidad, con aromas a frutillas rojas y una frescura amable y sutil.
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